La incierta belleza

Un cálido rayo de luz, a modo de resplandor, se posó sobre la cama de Rafael esa mañana de febrero, reclamándole el día. Quizás fuera una poco tarde, pero a Rafael eso no le ocasionaba remordimiento alguno. Recibió con agrado la suave lluvia del aseo matutino, en el que un termostato de última generación ponderaba el calor corporal. Se frotó con deleite el esqueleto, por otra parte perfecto, gracias a una genética pesada y medida durante generaciones. La suave música cesó cuando abandonó el ofertorio, una vez acicalado. El traje, sobre el gabán, exhibía la etiqueta de algún sastre inglés. Una camisa de hilo blanco, inmaculada, yacía a su lado en el diván, como si un hombre invisible la hubiera abandonado hacia unos escasos segundos. El café le esperaba, previamente digerido por una civeta. Amargo y con unos toques de canela. Comenzaba el día. 

El móvil vibró unos segundos, depositando un mensaje escrito - Cariño, el test es positivo, estoy embarazada

Rafael sonrió. Por fin conseguiría convencer a Elvira de la necesidad de comenzar una vida en común. 

Al salir de la finca, a través del espejo retrovisor del impoluto DB5, vio como los aspersores, iniciaban el riego sobre la huerta de cultivo ecológico, limítrofe a la piscina de proporciones olímpicas, que se entreveía entre la hilera de naranjos. Un aroma de azahar penetró hasta el interior del Aston Martín mientras Rafael dejaba atrás sus dominios. 

El recorrido hasta el museo transcurrió a ritmo de Bach. Una sucesión de semáforos en verde le depositó suavemente en el parking del Museo, donde entregó las llaves a Margarito Theotokópoulos, el encargado de abrillantarlo convenientemente. No cruzó palabra con el operario. Tenía por costumbre no entablar conversación con quien no hubiera sido convenientemente presentado. 

Atravesó las salas. Las pinturas de los grandes maestros parecían saludarle al paso, como soldados rindiendo armas a su general en jefe. 

En el sótano, el contraste le hirió levemente en los ojos, al ver la amalgama de pinturas, tapices, grabados y demás obras pendientes de restauración que yacían amontonadas. 

No le gustaba ese paisaje de abandono, aunque lo sabía necesario. 

Ana Zhang, la restauradora, se acercó para enseñarle el fruto del último viaje de hacía apenas cinco días. Un jarrón de la dinastía Ming, que reposaba virginal en un pedestal de mármol. 

Rafael miró a Ana, sopesando echar una matutina cana al aire. Sabía que los escarceos con la Srta. Zhang tenían los días contados, aunque pensaba demorar la ruptura, habida cuenta de los meses en barbecho que intuía en su horizonte sexual. 

Una vez saciado los instintos, degustó un almuerzo casi perfecto, si no fuera por el café con el que lo remató. Un extraño brebaje, posiblemente cagado por un gato callejero. 

No hay día sin mácula- se dijo para sí-. 

Ya de vuelta a la casa, al encender el televisor, este le devolvió la imagen de unos uniformados y trajeados orientales, todos ellos con gesto circunspecto. Por el faldón inferior de la pantalla discurría un texto, como en una cinta sin fin. Giró la cabeza, en busca de las lentes, que utilizaba solo en solitarias ocasiones. Cuando la imagen recobró cierta nitidez, un partido de futbol ocupaba la pantalla. 

Vaya, vaya - pensó- Mañana he de llamar a mi corredor de bolsa. Es hora de incrementar la participación en ese complejo hostelero. Cada vez que un chino sale en la tele, sube la tasa turística

Se retrepó en el sofá, dispuesto a descansar unas horas antes de la cena con Elvira y unos amigos, para celebrar las buenas noticias. 

Qué hermosa es la vida- comentó para sí- Sobre todo para nosotros, los que tenemos a nuestro alcance disfrutar de la belleza cada día

Mientras, varias batas blancas intentaban saludar al futuro cliente desde el televisor. Sin éxito. Tendrían que pasar varios días hasta ser presentados formalmente.

Autoría: Purificación Mínguez.

1 comentario:

  1. Un día más, en una vida "perfecta".
    Lo describes tan nítido que da pena ésa perfección tan acicalada y sobre todo tan falsa. Como entras en el personaje y como nos lo presentas, muy buen relato. Te queda impregnado.

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