Ciclista absorta IV (continuación)

 Posts previos de Mikel Agirregabiria, Alberto Ereña y Argiñe Areitio.

En Colonia eran ahora las siete de la mañana y el desayuno, ya frio, descansaba sobre la mesita junto con los últimos informes, aún por revisar. Stuart, absorto en sus pensamientos contemplaba desde el ventanal la vista del barrio, con la Catedral al fondo. Ofrecía esta una imagen de cuento irreal a esas horas de la mañana. La explanada permanecía desierta, a la espera de los miles de turistas, que se acercarían dentro de unas horas en nutridos grupos. Con la banderita correspondiente como identificativo para todo el recorrido. Todos los cuellos se mantendrían erguidos para contemplar el imponente reclamo de un Dios dubitativo, que dividió a sus fieles en un cisma de imposible encaje. La Catedral, no obstante, era una superviviente ante los avatares humanos, gracias probablemente a conservar en su interior una de las reliquias (que ambas ramas, por cierto, aún comparten devotamente) en aras de cierto interés consumista. Nada menos – pensó Stuart – que la tumba de los Tres Reyes Magos. Porqué regresaba al mundo este Regio Trío anualmente, a deleitar a los infantes con jugosos regalos, era un relato cada vez más turbio, que muchos evitaban detallar a sus hijos, generando así, la mayor y más mágica historia zombi jamás contada.

Stuart, a su pesar, se descubrió también en el gesto. Con la cabeza alzada ante las altas cumbres de la inmensa Catedral que logró, durante un tiempo, ser considerada el edificio más alto del mundo. La mañana con una bruma densa y fría, acogía la estampa con  reverencia y no tuvo más remedio que admitir la majestuosidad que exhalaba todo el conjunto arquitectónico. Algo de paz mezclada con cierta exaltación le había hecho detenerse en los detalles, llevándole a un punto de ensoñación casi místico.

Esperaba hacía días una llamada. El descanso de estos meses, bien merecido por otra parte- pensó Stuart- se estaba alargando, creándole en el ánimo cierta impaciencia. Había sondeado esa semana a todos los clientes, pero nada parecía moverse en los herméticos despachos de las altas esferas, y todo yacía envuelto en esa calma tramposa, la que presagia cualquier cambio político o económico. Pronto tendría noticias, sin duda. Quizás esas altas esferas encumbradas como las torres de la Catedral, habían decidido descansar de tantos vaivenes políticos. Desechó el pensamiento. Una rueda dentada y bien engrasada seguía funcionando. Avanzando como una apisonadora por Europa, en forma de Quinto Jinete del Apocalipsis. Sí, estaba seguro que el teléfono sonaría de nuevo ante un nuevo proyecto.

Así los llamaba Stuart. Proyectos. Buscar otra definición le llevaba a pensamientos poco edificantes, sin cabida en la laxa moral que se había autoimpuesto.

Posiblemente la atmósfera mística de esa mañana, junto con la bruma logró el sortilegio. Uno de los teléfonos que reposaban junto al ya más que frío café matinal, sonó en ese momento con las primeras notas del Himno a La Alegría.

-¿Stuart Haser?

La voz masculina y algo aflautada surgió del móvil a la par que en el cerebro de Stuart, qué intentaba sin éxito, ponerle cara al interlocutor.

-Al aparato- contestó un Stuart algo escueto.

- Le llamo desde Bruselas. Espero encontrarle libre en estos momentos. Tenemos una nueva proposición para usted. Derivada del último trabajo que realizó para nosotros hace ya  algunos meses. Han surgido algunos imprevistos que….

 -Perdone- cortó Stuart- no me ha dicho su nombre

 - Oh, discúlpeme. Por supuesto. Me llamo Hans Meyer y llamo en relación a su trabajo en Valencia. Supongo que recuerda los pormenores….

 - Perfecto Hans- cortó Stuart de nuevo- Le escucho. Continúe por favor

 - El caso es que – retomó la voz - han surgido algunos flecos después de su visita a España.

 - Creía que el tema, en lo que compete a mi misión, había sido resuelto a satisfacción de todos- replicó Stuart-

 - Sin duda señor Haser-. Estamos muy satisfechos con el dossier que nos hizo llegar y espero que los honorarios le hayan parecido suficientes en esta ocasión..

Stuart creyó notar cierto dolor en esta última frase. Apuntó el dato para sucesivas negociaciones. 

 - La operación, como supongo usted recuerda – continuo Hans – era en extremo delicada.

Esta vez la pausa duró unos breves segundos. Los suficientes para que a Stuart se le  encendieran todas las alarmas, incluidas algunas desconocidas para él hasta entonces.

 El tema – continuó Hans Meyer- ha tomado un nuevo giro, algo inesperado. Nos gustaría que volviera a Valencia para solucionarlo. Nuestros inversores, llevan notando ciertas fluctuaciones extrañas, y aunque todo parece ir por el cauce correcto, nos vemos en la necesidad de prestar atención ante algún cabo suelto, algún fleco, como antes le he comentado, Tenemos entendido que durante sus pesquisas, estableció cierta relación con las personas implicadas, y al hilo de ello, pensamos podría retomar sus actividades desde el punto en que quedaron interrumpidas.

 -Debería- dijo Stuart- quizás ser más explícito señor….

 -Mayer. Hans Meyer- contestó el aludido-

 - Perfecto señor Meyer. Hágame un resumen de sus necesidades

 - Por teléfono no parece la vía más adecuada -el señor Meyer parecía volverse por momentos cada vez más cauteloso- Le estoy haciendo llegar en estos instantes el dossier. Y un contrato de trabajo, si es que llega a la conclusión de poder ayudarnos en esta ocasión. Por el cauce habitual, por supuesto. También, en vista de la urgencia que nos corre el asunto, me he permitido enviarle un pasaje en primera con vuelo directo a Manises, que sale dentro de aproximadamente dos horas  del aeropuerto  Konrad Adenauer.

 Hora y media después un Stuart un poco receloso (el dossier, aun sin leer, descansaba en su portafolios) cumplimentaba los últimos requisitos en la puerta de embarque. Tenía la esperanza de llegar con el tiempo suficiente para poder ponerse al día y enfrentar un nuevo, o no tan nuevo reto. Ya colocado en el asiento y saboreando un café deliciosamente hirviendo, abrió la carpeta de los documentos y se dispuso a leer el contenido. Según avanzaba en el estudio de los datos fue consciente del problema que debería abordar durante las próximas semanas. Se frotó los ojos bajando hasta el puente de la nariz, gesto habitual en él, en momentos de concentración.  La vista viajó hasta un cielo que a través de la ventanilla  ofrecía una promesa de calor. El mar quedaba ya atrás, y el avión enfilaba la pista de aterrizaje con el suave bamboleo de la costumbre

- Bueno- pensó Stuart encendiendo el móvil-ha llegado el momento.

La foto de Noelia le golpeó desde la pantalla. Había improvisado durante el viaje unas pocas palabras para anunciarle su llegada, pero el torrente de emociones no deseadas fue superior a sus fuerzas.

Escribió simplemente He vuelto”.

Autoría: Purificación Mínguez.

3 comentarios:

  1. ¡Uf, esto se va complicando! Solamente cabe decir: Continuará,...

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  2. Magnífico. No puedo decir otra cosa.
    Ya le tenemos de nuevo en Valencia a Stuart.
    ¿Y ahora?

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  3. ¡JA! Esto huele a trama de espionaje. Y Purificación aún no ha matado a nadie...

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